La Realitat

La Realitat

La Representación de la figura humana es la forma más aproximada de identificar nuestra realidad, dado que es la forma más aproximada de representar eso que más nos obstinamos en identificar: nosotros mismos. Pero en una sociedad tecnocrática en la que el individuo se contempla a si mismo a partir de la imagen especular que le devuelve el gran montaje tecnológico, virtual, donde la distancia física se hace cada vez más inapreciable y dónde la distancia emocional crece de manera inversamente proporcional, el individuo empieza a fundirse en una globalidad indiscriminada en la que los elementos tabú son tan presentes como aquellos que la convención ha convenido como correctos, y justamente a causa de esta libertad ficticia, el control absoluto que se ejerce sobre el le mantiene inmóvil y fosilizado al mismo tiempo que es devuelto a la condición de esclavo, esclavo de si mismo y de la mirada del otro. La fusión del maquillaje con la máscara, la fusión de la mascara con la piel, y, por último la fusión de la piel con la identidad. La Realidad Alterada es una artistificación de la realidad desmontada en la que el individuo es el resultado de esta fusión radical en la que no es posible reconocerse sin la distancia de una ironía redentora.

Esta artistificación en tanto que juego irónico con –contra?- la realidad da como resultado la creación de una realidad paralela que, des de una inmovilidad estética, evidencia su elocuencia delante de la mirada crítica del observador distanciado. El poder de caricaturizar loa aspectos animalizados de esta realidad que nos obstinamos en maquillar bajo un código común, inofensivo, que nos la presenta como une escenario donde el peligro de caer en la brutalidad de nuestra esencia desaparece acompañado de nuestra libertad, sobrevive entre las manos del artista, seres libres que se permiten el lujo de poder alterar esta realidad transformándola en algo que todos reconocemos: un objetivo estético que representa descarnadamente esa verdad que escondemos pero que se mantiene omnipresente por el simple hecho que necesita esconderla. En objetos hiperrealistas que son fruto de un juego, si el juego es libertad, la mirada más allá de la convención, la risa, la ironía, el placer de descolocar las normas i de reconvertir los elementos en algo crudo y despiadado y más real que nunca.

Niños de mirada adulta que flirtean con una infancia desencantada dónde los columpios cuelgan de la nada, dónde sus cuerpos están construidos por porciones, ensamblados casi a toda prisa y aparentemente de cualquier manera, donde las diferencias entre pieza y pieza se mantienen a la vista, dejando al descubierto la posibilidad cadavérica de unas acciones que pretenden un ludismo artificioso, niños que juegan a que están jugando porque se les pide que sean niños pero en realidad son otra cosa, donde sus cabezas nacen de troncos deshumanizados de piel escamada, bebés que nos observan desde los barrote de unas prisiones que pretenden ser la cuna, pero que son balcones ciegos a dos metros del suelo, la figura del animal que se apropia de la acción humana masacrando a sus semejantes o amontonándose los unos sobre los otros para usurparse el poder, la figura del animal que se funde sin contemplaciones con la figura humana y la figura humana que se fusiona con el objeto mecánico después de desplegar una gestualidad grotesca que nos enfrenta , sin poder evitar-lo, con la vergüenza más inconfesable de nuestra ridícula naturaleza.

La Realidad Alterada es hiperrealista por el hecho de respetar la casi perfecta identificación con el mundo que respira, figuras producidas a partir de un cuidado extremo de los materiales. El uso de las resinas policromadas, en la mayoría de piezas, permiten una plasticidad que reproduce con exactitud quirúrgica los tejidos , las formas, las texturas, los volúmenes, los detalles epidérmicos i la pulcra imitación del tejido vivo;

Así Gerard Mas explora la vertiente cómica del retrato renacentista dónde las damas mastican chicle, Noe Serrano parte los seres híbridos que duermen plácidamente i Luís Vidal articula un imaginario en el que el bebé maltratado nos observa desde una fisonomía tumescente i deshumanizada; Samuel Salcedo nos presenta seres humanos de resina de poliuretano que se ríen de nosotros antes de que nos riamos nosotros de ellos y con resina de poliéster, Javier Aguilera nos encara a una violencia latente de la cual ni la lúdica critica de arte ni la infancia marginal se nos escapan. Por otro lado, el uso integral de la madera por parte de Efraïm Rodríguez, ensamblada y sin policromar, consigue un parecido momificado en al que la materia adquiere todo el protagonismo consiguiendo que la distancia entre acción e inercia se convierta en cero; la construcción a partir de objetos buscados como la ropa del niño drogodependiente de Javier Aguilera, el algodón de las ovejas de Luís Vidal, o el Mármol del que Gerard Mas extrae la cuadrícula del eixample barcelonés sobre un mapa de tres dimensiones con forma de cordero.

Todas estas acciones congeladas bajo un hiperrealismo que nos hace exclamar que parece verdad y que, del mismo modo nos aboca a la confrontación dialéctica de que, efectivamente, no lo parece sino que es de verdad, una realidad más real que la realidad que damos por auténtica, en tanto que se mantiene congelada por nosotros mismos por el hecho de no permitirle la vida que le sería legítima arrinconándola en el subsuelo de nuestros miedos. La realidad transformada, la realidad alterada, el vestido del emperador, un mordisco de esta realidad sin la mascara dónde la verdadera alteración, nos preguntamos, podría perfectamente anidar en el solo hecho de haber estado maquillada par hacerse soportable en nuestro día a día.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *